Nuestra Historia

De Florencia, Caquetá, al corazón de Bogotá

Toda gran historia comienza con un acto de valentía y un sueño. La nuestra inició con los pasos decididos de Doris Ortiz, una mujer que dejó atrás su natal Florencia, Caquetá, para buscar un futuro mejor en la inmensidad de Bogotá. Llegó a la capital con la esperanza intacta y sus dos pequeñas hijas en brazos, dispuesta a forjar un camino desde cero.

Sus primeras herramientas fueron la paciencia y la devoción. Doris comenzó a trabajar en un taller de arte religioso, donde sus manos daban forma a figuras artesanales de San Miguel, San Gabriel y hermosos pesebres. Caminaba por el vibrante centro de la ciudad vendiendo estas piezas a minoristas, y fue en uno de esos recorridos, justo al costado izquierdo del icónico Museo del Oro, donde una pequeña tienda capturó su atención y encendió una chispa en su corazón: el sueño de tener su propio espacio.

Junto a su hermana, hizo ese sueño realidad abriendo una modesta tienda de artículos religiosos. Los primeros días estuvieron llenos de ilusión, atendiendo principalmente a clientes nacionales. Sin embargo, los tiempos y las necesidades del mercado comenzaron a cambiar. El negocio ya no era suficiente para sostener a la familia, que ahora contaba con un nuevo integrante: su hijo recién nacido. Con una inmensa generosidad, su hermana le cedió la totalidad de la tienda para que Doris pudiera sacar adelante a sus tres hijos.

Fue entonces cuando el amor y la unión familiar se convirtieron en el verdadero motor del negocio. Su esposo Luis, quien había pasado por múltiples empleos —desde la venta de peluches hasta útiles escolares— buscando incansablemente el sustento para su hogar, tomó una decisión que cambiaría su rumbo: unir fuerzas con Doris.

El amor y la unión familiar se convirtieron en el verdadero motor del negocio.

Frente a un público que se transformaba, con cada vez más turistas extranjeros recorriendo las calles del centro, Doris y Luis decidieron dar un salto de fe. Salieron de su zona de confort, innovaron y comenzaron a escribir un nuevo capítulo. Las figuras religiosas dieron paso a una hermosa selección de souvenirs, imanes, platos y réplicas de figuras precolombinas, adaptándose con astucia y creatividad a las nuevas miradas que visitaban el país.

Durante 15 años de esfuerzo inquebrantable, ese pequeño espacio inicial floreció. Abrieron dos tiendas más en la misma galería artesanal y, tras tres años de consolidación, inauguraron la sucursal "Botero", ubicada junto a las puertas del Museo de la Moneda y el Museo Botero. Aunque los recursos eran limitados, cada detalle de esta nueva tienda fue mejorado poco a poco, siempre pensando en la comodidad y el bienestar de cada turista que cruzaba la puerta. El trabajo duro rindió frutos, y llegaron a contar con seis sucursales brillando en el centro de Bogotá.

Pero la vida tenía preparada una prueba inimaginable. Con la llegada de la pandemia del COVID-19, el mundo se detuvo. Fueron tiempos de dolorosas decisiones que llevaron al cierre de cuatro de sus queridas tiendas, conservando únicamente el local original y la sucursal Botero.

Sin embargo, para una familia que construyó todo desde la esperanza, incluso en los momentos más oscuros se pueden encontrar luces. En medio de la incertidumbre, surgió una oportunidad inesperada: abrir una nueva sucursal en la Calle 10 con Carrera Sexta, a la que llamaron "Cancillería". Este fue un reto monumental, lleno de obstáculos técnicos y económicos, pero que se logró superar gracias a la fuerza más grande que poseen: la familia. El esfuerzo incansable de sus hijos, su yerno, Luis y un equipo de grandes y leales colaboradores, hizo posible lo que parecía inalcanzable.

Hoy, ese espíritu de superación sigue más vivo que nunca. Cinco años después de aquella valiente apertura, nuestro sueño ha cruzado nuevas fronteras con la llegada de nuestra sucursal en Cartagena. Seguimos mirando hacia el horizonte, con el anhelo de seguir creciendo, llevando un pedacito de nuestra cultura, nuestro arte y nuestra historia al resto de Colombia y al mundo entero.

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